miércoles, junio 29, 2022

La Filarmónica de Mendoza presenta el concierto “¡Viva México!”

El viernes 29, en el Teatro Independencia, se interpretarán destacadas obras de compositores mexicanos, con la potencia de una de las orquestas más importantes del país.

Tres obras clásicas de la época nacionalista mexicana y una contemporánea serán las protagonistas del concierto ¡Viva México!, que la Orquesta Filarmónica de Mendoza brindará este viernes 29, desde las 21, en la sala mayor de Mendoza, el Teatro Independencia.

Respecto de las obras del período nacionalista, el programa incluirá la interpretación de Chapultepec, de Manuel Ponce, un tríptico sinfónico que alude al icónico parque mexicano, el mayor en su tipo en el hemisferio occidental; Yanitzio, obra de giros melódicos, que referencia al lago de Michoacán, y Sensemayá (canto para matar a una culebra), poema sinfónico inspirado en la obra del escritor cubano Nicolás Guillén, del compositor Silvestre Revueltas.

En lo que respecta al período contemporáneo, se tocará la Suite Culiacán, un estreno en Argentina, del compositor Eduardo Gamboa. Se trata de una pieza muy bella, integrada de tres partes, con gran ritmo. La característica común de las piezas es que todas usan elementos de lo popular, folclórico o incluso descriptivo. Así, ¡Viva México! se presenta como un espectáculo sinfónico muy atractivo.

En referencia a los compositores, el director de la OFM, el maestro César Lara, destacaba que “Manuel Ponce es un compositor muy famoso en México, compositor de la canción Estrellita”, la cual lo hizo mundialmente conocido. Respecto de Chapultepec, fue la obra que generó la tendencia nacionalista en México desde lo musical. Entre sus características está ser muy descriptiva, ya que describe el icónico parque mexicano.

“En aquel entonces, su composición no estaba tan invadida por elementos de la modernidad, y los bocetos sinfónicos describen situaciones del parque”, dice Lara. Así, se pasará por la primavera, en particular con los instrumentos de madera, que crearán una atmósfera acorde, donde se podrán escuchar los “pajaritos”. Luego aparecerá el momento nocturno, con algo más interno del parque, en ese momento, y finalmente, la danza, que toma elementos de la danza negroide, originaria de la costa central de Perú, creada por esclavos en el siglo XVII. Así se culminará en un clima que Lara define como espectacular”.

Respecto de Silvestre Revueltas, un ícono de la música sinfónica mexicana, compositor, violinista, César Lara decía: “Estuvo a cargo de temas académicos, en el Conservatorio Nacional de Música en México, fue asistente de Carlos Chávez, otro ícono compositor. Revueltas tuvo la mala fortuna de morir muy joven, a los 40 años, fue uno de los compositores más creativos de la época”.

Las dos obras que la Orquesta Filarmónica de Mendoza interpretará de él son Yanitzio, la cual describe una isla de pescadores en Michoacán. “Él siempre fue irónico, cascarrabias, por eso en el estreno de esta obra dijo que en el imaginario de los turistas ese sitio es idílico, su descripción sinfónica es de un lago que huele mal y que realmente no es lindo”, cuenta Lara sobre la obra de Revueltas.

El director agrega también: “Usa sones mexicanos y en los siete minutos que dura la obra parece que hubiera elementos folclóricos, pero no son elementos folclóricos, son composiciones de él, que parecen un choque constante, gritos, ruidos, hay modernidad en el lenguaje musical de Revueltas”.

La otra obra de Revueltas, que es Sensemayá, está basada en un poema Nicolás Guillen que alude al ritual para matar a una serpiente y toma un texto que tiene que ver con los afrodescendientes. De ahí nace la música. “En esta obra se crea un ostinato -técnica de composición que consiste en una sucesión de compases con una secuencia de notas que se repiten en cada compás, a lo largo de una canción-, va in crescendo hasta que, al final, visualizamos la culebra decapitada”, sintetiza Lara.

Estreno en Argentina

En relación con Suite Culiacán, del compositor contemporáneo Eduardo Gamboa, es una obra muy alegre compuesta por tres partes. La primera es “Los tres ríos”, donde se evoca los ríos Humaya y Tamazula, los que crean, al fundirse, el río Culiacán. La segunda parte se llama “Estampas”, una serie de imágenes del imaginario culichi (originario de Culiacán) y finalmente cierra con el “Montuno al Negrumo”, una recreación sinfónica del danzonete de Culiacán.

El mismo Gamboa ha declarado sobre uno de los momentos más sobresalientes de su obra: “Escogí un montón de géneros para reflejar esa alegría, el chotis (danza social centroeuropea), chachachá, polca, mambo, danzón. Entonces, es una obra muy divertida y entretenida. Algo que la hace atractiva para los intérpretes es que fui balanceando la instrumentación, para que todos lucieran, que tuvieran solos”.

“Una de las características más importantes de la Orquesta Filarmónica de Mendoza es su capacidad de acercarse no solo a lo académico sino a cualquier evento. La música clásica ha estado nutrida siempre de elementos populares, en esta ocasión dedicada a México”, decía César Lara, director de la OFM.

Protagonistas

Manuel M. Ponce (1882-1948) nació en Fresnillo, Zacatecas, México. Demostró una notable facilidad musical desde su niñez. A los nueve años, compuso su primera obra pianística. Formó parte del coro infantil y fue más tarde organista en el templo de San Diego en Aguascalientes, en donde su hermano, fray Antonio, ejercía como sacerdote. En 1900, se trasladó a la Ciudad de México, para estudiar en el Conservatorio y en 1904, viajó a Europa. Estudió en Bolonia con Luigi Tochi y en Berlín con Martin Krauze. En 1912, tocó el estreno de su Concierto para piano y orquesta con la Orquesta Sinfónica de México, dirigida por Julián Carrillo. En 1914, aparece su álbum de canciones mexicanas, basado en piezas populares que fue recogiendo. La más famosa sería Estrellita, compuesta en 1912 y cuya popularidad persiste hasta nuestros días.

Debido a la situación política imperante en México, viajó a La Habana, en 1915, en compañía del poeta Luis G. Urbina. Permaneció en La Habana hasta 1917, como crítico musical de El Heraldo de Cuba y La Reforma Social. Se interesó por la música popular cubana y compuso la Suite cubana. De esa época data su Sonata para violonchelo y piano, que muestra una cierta influencia de la música cubana. En 1917, aceptó el nombramiento de director de la Orquesta Sinfónica Nacional, que dirigiría durante dos años. En 1921, compuso un ambicioso tríptico orquestal titulado Chapultepec.

En 1925, a los 43 años de edad, se inscribió en la Escuela Normal de Música de París. Fue alumno de Paul Dukas y refrendó su gran amistad con el guitarrista español Andrés Segovia. Su lenguaje musical cambió. Abandonó el estilo nacionalista, tal como muestran sus Tres preludios para violonchelo y piano compuestos en París y sus obras subsecuentes. Obtuvo la licenciatura en composición en 1932, a los 50 años de edad y, armado de nuevas ideas y de un nuevo lenguaje, regresó a México ese año y fue nombrado director del Conservatorio Nacional. Ponce falleció el 24 de abril de 1948 en la Ciudad de México.

Silvestre Revueltas (1899-1940), compositor, violinista y director de orquesta mexicano es considerado uno de los máximos y más influyentes representantes de la corriente nacionalista. Formado como violinista y director de orquesta, en su tierra natal y Estados Unidos, empezó  tu componer relativamente tarde, a principios de la década de 1930, seguramente influido por el ejemplo de Carlos Chávez, de quien fue director asistente, entre 1929 y 1935, en la Orquesta Sinfónica de México.

En 1937, marchó a España y participó de manera activa en la guerra civil, a favor del bando republicano. Compositor autodidacta, su producción musical es muy escasa, aunque valiosa, con títulos como el ballet El renacuajo paseador (1933) y las obras orquestales Ocho por radio (1933), Redes (1935), Homenaje a Federico García Lorca (1935) y La noche de los mayas (1939).

Destaca entre sus obras Sensemayá (1938), su partitura más conocida dentro y fuera de su país. Un profundo conocimiento de la música mexicana y la primacía absoluta del ritmo otorgan a estas páginas de Revueltas un singular atractivo.

Silvestre Revueltas formó parte de un grupo autores nacionalistas, que buscaba la renovación de las formas, recuperando los valores de la música indígena y el pasado prehispánico (la cultura maya y las tradiciones aztecas), acercándose al mismo tiempo a los lenguajes de la vanguardia europea para, a partir de ésta, obtener una auténtica expresión nacional. Aprovechó todos los recursos instrumentales, dio a las cuerdas papeles percutivos y a los metales un énfasis melódico que recuerda el sonido de las bandas pueblerinas. En cuanto a la estructura de sus obras, las armonías son disonantes y los contrapuntos chocan rítmicamente.

Su obra abarca desde piezas para dotaciones pequeñas, como es manifiesto en Ocho por radio (1933), hasta obras para gran orquesta, como Janitzio (1933) y Sensemayá (1938). A pesar de su absoluta brevedad, que contribuye de hecho a hacerla aún más efectiva, Sensemayá (1938), título que hace referencia a una serpiente tropical, es la obra más conocida de Silvestre Revueltas. Todos los rasgos del estilo del músico están presentes en ella, empezando por la absoluta primacía del ritmo como generador de la composición, influencia directa del Stravinsky de La consagración de la primavera.

Eduardo Gamboa es un compositor mexicano contemporáneo. Comenzó sus estudios musicales a la edad de 9 años, tomando lecciones de piano con Carlos Barajas. Poco después, ingresó a La Peña de los Folkloristas, donde bajo la guía de Héctor Sánchez y José Ávila estudió los diferentes géneros de la música popular de México y Latinoamérica. Durante su infancia y adolescencia formó parte de los grupos Pilcuicatl y La Peña Móvil, con los que actuó en México y Estados Unidos.

Tras una breve temporada en la Escuela Nacional de Arte de La Habana, Cuba (1974), Gamboa prosiguió su formación musical en México, ingresando al Centro de Investigación y Estudios Musicales (CIEM). De 1982 a 1985, tomó clases particulares con los que han sido sus más importantes maestros: la guitarrista Magdalena Gimeno y el compositor Joaquín Gutiérrez Heras.

Graduado en el Trinity College of Music de Londres, Gamboa se dedica enteramente a la composición, desde 1985. Su obra incluye música de concierto, tanto de cámara como sinfónica, así como una vasta producción de música para cine y teatro.

Programada cada vez con mayor frecuencia, su música de concierto ha sido interpretada en una veintena de países de Europa, Asia y América, por solistas, conjuntos de cámara y orquestas de reconocido prestigio. Formado como compositor bajo la tutela del maestro Joaquín Gutiérrez Heras, su música ha sido grabada e incluida en decenas de discos, tanto de música de concierto como soundtracks.

Ha recibido premios y distinciones, como el Ariel (The Mexican Academy Award) que otorga la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas, por la música de fondo para la película Zurdo, dirigida por Carlos Salces o el Mayahuel del Festival Internacional de Cine de Guadalajara, por la música de fondo para la película Ciudades oscuras, dirigida por Fernando Sariñana.

La música de Gamboa ha sido interpretada en Alemania, Francia, Estados Unidos, Japón, China, Canadá, Italia, España, Noruega, Eslovenia, Cuba, Brasil, Argentina, Uruguay, Venezuela, Colombia, Costa Rica y México, por prestigiosos solistas y agrupaciones camerísticas y sinfónicas. Ha escrito también música para cine, hasta el momento 24 películas, 2 documentales, 7 cortometrajes, 1 audiovisual y 2 proyectos con source music. Para Hollywood, Gamboa compuso música incidental (source music), de época y popular, para la película The legend of Zorro, dirigida por Martin Campbell, con las actuaciones de Antonio Banderas y Catherine Zeta-Jones.

Fuente:Prensa Gobierno de Mendoza

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