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Último Primer Día: Educación endurece controles y suma acta de responsabilidad parental

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El UPD (Último Primer Día) es el festejo que realizan estudiantes del último año de secundaria: suelen reunirse de noche y, muchas veces, van directo de la fiesta a la escuela. Ante los problemas que se repiten cuando algunos llegan alcoholizados o bajo efectos de drogas, la DGE lanzó el dispositivo UPD 360 y estableció que, si un alumno ingresa en mal estado, se llamará a los padres para que lo retiren y, si no se presentan, podrán aplicarse sanciones por el Código Contravencional.

El Último Primer Día (UPD) se volvió, en pocos años, una tradición instalada entre estudiantes que comienzan el último año de secundaria. La celebración —concentrada durante la madrugada previa al inicio de clases— suele ocurrir fuera del ámbito escolar, pero sus efectos llegan a la puerta de la institución: cansancio extremo, desregulación, y en algunos casos consumo de alcohol u otras sustancias que ponen en riesgo la salud y el derecho a la educación.

Con ese diagnóstico, la Dirección General de Escuelas (DGE) lanzó un nuevo dispositivo provincial llamado “UPD 360. Antes, durante y después”, diseñado para aplicarse en escuelas secundarias de gestión estatal y privada. La propuesta, impulsada por la Dirección de Acompañamiento Escolar (DAE), plantea una estrategia integral con un eje claro: la prevención no puede recaer solo en la escuela y la familia tiene un rol activo que, desde este ciclo, quedará formalizado mediante un documento obligatorio.

La titular de la DAE, Carina Gannam, remarcó que el protocolo se actualiza incorporando una medida concreta: la obligatoriedad de firmar un acta de corresponsabilidad familiar, que debe presentarse en la escuela antes del festejo. No es un mero trámite administrativo: funciona como un “punto de encuentro” entre casa y escuela para fijar acuerdos preventivos sobre el cuidado durante la noche del UPD y el ingreso al día siguiente. En otras palabras, el mensaje institucional es directo: si el festejo ocurre afuera, la responsabilidad adulta también ocurre afuera.

El giro del protocolo: de la reacción al cuidado anticipado

Hasta ahora, muchas escuelas llegaban al UPD con herramientas dispersas: advertencias generales, comunicaciones de último momento, o intervención el mismo día cuando aparecía un problema. UPD 360 intenta invertir esa lógica. La prevención se construye antes, se sostiene durante y se trabaja después para transformar lo vivido en aprendizaje.

En departamentos como Malargüe, este enfoque cobra una dimensión particular. Las distancias, la circulación nocturna, la dificultad para el traslado seguro y la diversidad de contextos familiares pueden aumentar los riesgos si no hay acuerdos claros. Por eso, la idea de corresponsabilidad no apunta a “culpar”, sino a organizar: quién acompaña, cómo se vuelve a casa, qué límites hay, qué pasa si alguien se descompensa, y cómo se garantiza el ingreso a la escuela sin exponer a nadie.

Las tres etapas del UPD 360

1) Antes: conversación en casa y acuerdos con la escuela
La primera etapa propone algo simple, pero difícil de sostener sin voluntad adulta: hablar. La DGE plantea instancias de reflexión y diálogo en el hogar durante los días previos. Las escuelas enviarán un comunicado y una guía orientadora con preguntas para que cada familia pueda poner sobre la mesa temores, límites, expectativas y factores de riesgo.

El punto clave es que ese trabajo no se queda “puertas adentro”: luego se comparte en una reunión convocada por la institución para acordar criterios comunes. En la práctica, esto busca evitar el escenario típico del UPD: algunas familias que ponen límites claros y otras que “dejan hacer”, generando una desregulación colectiva difícil de contener.

Acá aparece el corazón del nuevo enfoque: el acta obligatoria. Es la forma de confirmar, por escrito, que los adultos responsables asumen compromisos preventivos. En términos de salud y cuidado, la responsabilidad parental se traduce en decisiones concretas: supervisión, traslado seguro, descanso, alimentación, control de consumos y disponibilidad para presentarse en la escuela si fuera necesario.

2) Durante: criterios claros el día del ingreso
La segunda etapa regula qué ocurre el día del UPD dentro de la institución. Si un estudiante llega con signos evidentes de intoxicación o consumo de sustancias, las autoridades escolares deben intervenir. El protocolo establece que no podrá ingresar al aula, pero recibirá la atención correspondiente para preservar su salud.

La medida busca equilibrar dos derechos: el de aprender y el de estar en condiciones físicas y emocionales para hacerlo. También protege a la comunidad educativa: un estudiante intoxicado no solo se expone a sí mismo; puede generar situaciones de riesgo para compañeros y personal docente.

En ese marco, el protocolo indica que los adultos responsables deben concurrir a la escuela para retirarlo. Y agrega un punto sensible: si no se presenta un adulto responsable, se aplicarán medidas previstas en el Código Contravencional. El objetivo declarado es fortalecer la prevención y el cuidado integral sin criminalizar a los estudiantes, pero sí dejando en claro que la ausencia de un adulto ante una situación de riesgo no es neutra.

3) Después: resignificar y prevenir a futuro
La tercera etapa busca que el UPD no sea solo “un episodio” que se apaga cuando termina el festejo. La DGE envió una guía al Servicio de Orientación para trabajar con los estudiantes lo vivido, identificar riesgos y reforzar prevención para los próximos años. El enfoque apunta a convertir la experiencia en aprendizaje institucional: qué salió bien, qué salió mal, qué límites faltaron, qué prácticas conviene desterrar y qué acuerdos vale la pena sostener.

La frase final de Gannam sintetiza la lógica: “El cuidado no comienza cuando aparece el problema ni termina cuando el festejo finaliza”. En términos prácticos, la política educativa intenta correr el centro de la escena: no se trata solo de “controlar” el día del UPD, sino de construir cultura de cuidado.

Qué significa “responsabilidad de los padres” en el UPD (sin eufemismos)

El dispositivo instala una idea que muchas veces queda diluida: el UPD no es una actividad escolar, no es obligatoria ni organizada por la institución. Pero el hecho de que ocurra afuera no lo vuelve “invisible”. El rol parental implica:

  • Acompañar y supervisar: saber dónde están, con quién, y cómo vuelven.
  • Establecer límites previos (horarios, consumo, traslado).
  • Garantizar disponibilidad para responder si la escuela llama.
  • No naturalizar riesgos (“es una vez en la vida”) cuando hay señales de alarma.
  • Cooperar con acuerdos comunes: si cada familia hace “su regla”, el grupo se desordena y aumenta el peligro.

En síntesis, UPD 360 no prohíbe la celebración, pero intenta que el costo no lo paguen la salud de los chicos, la tranquilidad de la escuela y el inicio del ciclo lectivo.

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