Un giro inesperado en la causa que conmociona al deporte en Mendoza reavivó el debate sobre los límites de ciertas prácticas dentro de los clubes. Las tres jugadoras de hockey mayores de edad, imputadas por el presunto abuso de una compañera de 16 años en el Club Alemán de Mendoza, presentaron una estrategia judicial que busca encuadrar el hecho como un “bautismo deportivo”.
Según la defensa, lo ocurrido tras el ascenso del equipo no tuvo connotación sexual ni intención de daño, sino que formaría parte de una práctica “habitual” dentro del ámbito deportivo. Sin embargo, esta postura contrasta con la gravedad de la imputación: las acusadas enfrentan cargos por abuso sexual simple agravado, debido a la participación de dos o más personas y la condición de menor de edad de la víctima.
Desde la querella y el entorno familiar de la joven rechazan de plano esta interpretación. Sostienen que ningún ritual, tradición o festejo puede justificar conductas que vulneren el consentimiento y la integridad física y psicológica de una persona.
El caso encendió alarmas sobre la cultura interna en algunas instituciones deportivas y volvió a poner en discusión prácticas de iniciación que, bajo el argumento de la camaradería, podrían encubrir situaciones de violencia o humillación.
Ahora, la causa se encuentra bajo análisis del Ministerio Público Fiscal, que deberá definir si sostiene la imputación original o da lugar al planteo de la defensa. De esa decisión dependerá el rumbo judicial de un caso que no solo impacta en el ámbito deportivo, sino que también interpela a la sociedad sobre los límites entre tradición y abuso.










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