martes, septiembre 27, 2022

María y Paula Marull: «El público ve acá lo que no se ve nunca»

Como parte del ciclo Modos Híbridos, las creadoras de La pilarcita y Yo no duermo la siesta tradujeron a un formato audiovisual el proceso creativo de la obra que no pudieron estrenar por la pandemia.

María y Paula Marull hicieron de su nombre una marca que, a base de proyectos y mucho trabajo, se convirtió en señal de un lenguaje y una exploración propios. Parte ineludible de esa misma identidad que las conforma e inspira es el imaginario del pueblo correntino presente en sus obras. La Pilarcita –escrita y dirigida por María– y Yo no duermo la siesta –escrita y dirigida por Paula, y protagonizada por María– son un ejemplo de eso. Sin embargo, la novedad es que en la nueva propuesta de las hermanas, “el pueblo” ya no conforma aquel imaginario omnipresente y aludido. Ya no es más “un pueblo correntino”, ahora se trata de Esquina, el lugar que de chicas visitaban las hermanas oriundas de Rosario.

Como parte del ciclo Modos Híbridos, Paula y María presentan un documental que tiene a Esquina de escena y en donde los recuerdos se entremezclan. Se trata de Lo que el río hace, una producción integral del Complejo Teatral de Buenos Aires y en la que ambas actúan, escriben y dirigen. El elenco lo completan William Prociuk, Mónica Raiola, Mariano Saborido, y Débora Zanolli y la dirección audiovisual está a cargo de Belina Zavadisca.

Como les ocurrió a muchos, la pandemia les truncó proyectos que tenían previstos para el 2020. Y lo que en un principio fue pensado como obra de teatro presencial, después se convirtió en un proyecto audiovisual. Apenas comenzó la cuarentena, del teatro San Martín las llamaron para ofrecerles participar del ciclo Modos Híbridos. Les proponían a ellas y a todos los directores que no podrían estrenar, generar un material audiovisual que dialogara con la obra que un principio iban a presentar. De esa manera, Lo que el río hace terminó por inscribirse en un ciclo con propuestas audiovisuales de teatro, danza, títeres y música creadas por las y los artistas cuyas obras estaban programadas para la temporada 2020.

Lo que el río hace es una obra teatro que nosotras íbamos a presentar en septiembre en la Sala Cunill. Teníamos hecho un primer borrador, pero estábamos en proceso, todavía no habíamos entregado el anteproyecto”, relata Paula. Fueron ocho meses intensos de un trabajo “salvador y de búsqueda”, que las acompañó emocionalmente al mismo tiempo que iban viviendo la pandemia.

Pero al entramado ficción-realidad que involucra a Esquina se suma algo más. Y eso que se agrega, algo que las hermanas no recordaban -o tan sólo mantenían muy guardado en sus memorias- es que su papá había hecho una película de Esquina. Y no cualquier película, sino un documental. Así que, entre recuerdos del pasado y fragmentos de sus vivencias, nació este proyecto que las reconecta con algo de su historia. Sobre esto, María recuerda las palabras de Javier Daulte y las recupera: “una obra está compuesta por algo inventado, recordado e investigado”, señala. Y ella le agrega: “La obra nuestra también, porque en el documental hay cosas que los personajes dicen, que a nosotras también nos conmueven, o nos tocan una fibra”.

Compañeras de un largo camino, las hermanas Marull disfrutan del trabajo en conjunto. Y aunque coinciden con que no hay proyecto del que no participen las dos, admiten que lo nuevo que las convoca es el “sumun de la mellicez”. En Lo que el Río hace, utilizan el recurso del doble y hacen de la misma persona. Ambas interpretan el personaje de Amelia, una mujer atrapada en exigencias y obligaciones cotidianas que debe viajar a Esquina para solucionar un problema legal. “El documental habla del reencuentro con uno mismo, de la ductilidad y de dónde queda esa persona que alguna vez fuimos. En este caso, el río representa una parte de la naturaleza de ella que ella ha tratado de dominar”, detalla Paula.

-¿Qué premisas tuvieron a la hora de encarar este proyecto audiovisual?

Paula Marull: -Lo que intentamos hacer fue documentar el proceso creativo mediante el cual generamos la obra que se llama Lo que el río hace. Al trabajar en un formato que no es el nuestro, tomamos la decisión de documentar todo como si fuera mostrar los ingredientes para hacer una torta. Si la obra fuese una torta, revelar esos ingredientes que incluyen desde material de acopio, hasta procesos creativos de cómo es escribir de a dos y cómo ensayamos la obra atravesando la pandemia. Además, se incluyó de manera indirecta, aunque no era el objetivo, la dificultad que nos presentó poder generar en estos tiempos una obra.

María Marull: -El norte que nosotras teníamos era mostrar en el documental cosas que después cuando la obra se haga el espectador no las va a ver. Nos parecía más interesante que el público acceda a todo lo que no se ve nunca: cómo se ensaya, cómo dirigimos, de dónde viene ese universo que aparece en la obra.

-Siempre remarcan que la mirada de la otra las completa. ¿Qué creen que aporta cada una a sus trabajos?

M.M: Siempre hemos estado presentes en los proyectos y en la vida de la otra. Tenemos una mirada y una manera muy parecida de trabajar. Siento que nos complementamos bien, que nos divertimos juntas y que también hay algo de comodidad en el sentido de no estar solas. Yo creo que es un mito que uno tiene que hacer las cosas solo. Es difícil hacer todo solo. Si uno tiene a alguien con quien puede compartir dudas y divertirse está bueno tener a otra persona para afrontar los desafíos. Y en este caso particular, yo pienso que ¡menos mal que estuvimos las dos! porque realmente hubo muchos obstáculos que tuvimos que sortear.

-¿Es la primera vez que incursionan en este formato? ¿es un ámbito en el que les interesaría seguir profundizando?

P.M: -Es la primera vez. Fue un desafío enorme no sólo por ingresar a un género diferente sino también por las circunstancias en las que trabajamos. Era un proyecto muy ambicioso para la situación que estábamos viviendo. Quizás en un principio no nos dimos cuenta. Pero después, generar todo lo que pide un documental, atravesado por una pandemia donde uno está tan impedido, fue un reto enorme. También nos rescató un poco de la angustia y de todo lo que tuvieron esos meses de tanto encierro. Estuvo bueno porque estas cosas te obligan a salir de la zona de confort y a probar cosas diferentes. Fue hermoso en ese tiempo poder conectar con algo creativo, pensar y soñar otra cosa y viajar a Esquina, aunque sea por la computadora.

M.M: –Lo audiovisual está bueno, tiene su misterio. Es otra cosa, yo lo siento muy diferente al teatro. Pero también es cierto que tiene muchas posibilidades. Creo que, como dijo Paula, fue un desafío y aprendimos un montón. Yo no descarto la posibilidad de hacer otra experiencia así.

 

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