jueves, junio 30, 2022

DENUNCIA PÚBLICA POR “ATROPELLO” DE DERECHOS A FAMILIA DE ARROYO CHENQUECO

La familia Vázquez-Galdame, que por más de un siglo ha ocupado el puesto Galdame de Arroyo Chenqueco, también llamado campo “Galdamino”, en proximidades de Bardas Blancas, denunció “atropello” (violación) de sus derechos por parte de una persona que identifica como Sergio Rostagno, junto a personal policial de investigaciones de Malargüe.

La señora de Ernestina del Carmen Galdame (70 años) y a sus hijas Karen y Mercedes Vázquez, en diálogo con diario digital Ser y hacer de Malargüe on line dijeron que el día sábado 12 de setiembre, alrededor de las 11:00, llegaron al mencionado puesto algunos hombres que dijeron ser policías de investigaciones, sin uniformes ni presentando identificación alguna, a realizar un desalojo del lugar, donde se encontraba Ernestina junto a su esposo, y padre de las mujeres Vázquez, de 81 años. Como no les presentaron orden judicial alguna, los ancianos se negaron a permitirles el acceso e inmediatamente llamaron por teléfono a sus familiares que estaban en la ciudad de Malargüe.

La familia Vázquez-Galdame, que por más de un siglo ha ocupado el puesto Galdame de Arroyo Chenqueco, también llamado campo “Galdamino”, en proximidades de Bardas Blancas, denunció “atropello” (violación) de sus derechos por parte de una persona que identifica como Sergio Rostagno, junto a personal policial de investigaciones de Malargüe.

La señora de Ernestina del Carmen Galdame (70 años) y a sus hijas Karen y Mercedes Vázquez, en diálogo con diario digital Ser y hacer de Malargüe on line dijeron que el día sábado 12 de setiembre, alrededor de las 11:00, llegaron al mencionado puesto algunos hombres que dijeron ser policías de investigaciones, sin uniformes ni presentando identificación alguna, a realizar un desalojo del lugar, donde se encontraba Ernestina junto a su esposo, y padre de las mujeres Vázquez, de 81 años. Como no les presentaron orden judicial alguna, los ancianos se negaron a permitirles el acceso e inmediatamente llamaron por teléfono a sus familiares que estaban en la ciudad de Malargüe.

La pareja de abuelos se opuso al ingreso de los policías. Al llegar los familiares desde Malargüe, entre ellos tres niños menores, se interiorizaron de la situación, se comunicaron con una abogada quien les aconsejó, tras dialogar telefónicamente con un policía de apellido Concha, regresar a la ciudad para, con documentación en mano, aclarar la situación. Previo a ello el esposo de la mujer mayor tuvo que ser trasladado al centro de salud de Bardas Blancas porque sufrió una suba de presión, producto de la situación que estaba afrontando.

Los familiares emprenden el regreso. A uno 300 metros observan una máquina tipo cargadora, mientras estaban dialogando con el conductor personal policial procedió a detenerlos violentamente, dañando a una de las mujeres en uno ojo. Tras esposar a la señora Ernestina, a dos de sus hijas (Karen y Susana) y un hijo (José), los trasladan en vehículos policiales a seccional 24, donde permanecieron en los calabozos por más de 24 horas. En ese tiempo no tomaron contacto con personal de la fiscalía, ni tampoco se les tomó declaración alguna, solo un médico les consultó si tenían lesiones, pero nos las constató, según el relato que hizo la familia nuestro medio.

El accionar de una profesional del derecho hizo que fueran puestos en libertad, el domingo 13, después de las 21:00. Allí se les notifica de una prohibición de acercamiento al señor Sergio Rostagno y a la propiedad.

Al día siguiente, otra hija y una nieta de Ernestina, sobre las que no pesaba la orden de acercamiento a la propiedad, se dirigieron al puesto Galdame junto a una escribana, tras tomar conocimiento que al retirarse la familia se habría procedido a tirar abajo una construcción de 17 metros de largo por unos 7 metros de ancho que contaba con tres sanitarios y otras dependencias, más una casa prefabricada, los gallineros y otras construcciones menores.

Una vez en el lugar constataron los daños, procedieron a realizar un registro fotográfico, que ilustra esta nota, y regresaron para entregar la actuación de la escribana a la abogada contratada que lleve la causa judicial.

Cabe destacar que en los partes policiales que se dan a conocer los días lunes a la prensa este procedimiento no fue informado.

El relato de los hechos por los propios protagonistas

Ernestina del Carmen Galdame, que tiene 70 años, relató que en ese campo nacieron ella y sus hermanos, porque allí vivía su papá, Ramón Antonio Galdame, y antes sus abuelos paternos, por lo que considera que su familia ocupa el lugar desde el siglo XIX.

Su madre, Ema Graciela Moyano, fue la encargada de tener las llaves de las puertas de rejas que por años supo tener Caverna de las brujas. Tras quedar viuda, y por razones de salud, debió trasladarse a nuestra ciudad. Estando aquí tomó conocimiento que su vivienda había sido derrumba y que otro puesto del mismo campo, también ocupado por ellos, había sido entregado a otra persona para que se instalara con sus animales.

“Como no teníamos casa dónde vivir, nos tuvimos que venir a Malargüe, pero nunca hicimos abandono del puesto porque al menos una vez a la semana íbamos a regar, a dar una vuelta. El año pasado, en octubre, nos fuimos con mi marido para allá, y una hija con su marido levantó una casa de piedra. La casa medía 17 metros de largo por 7 de ancho, con tres baños, duchas, una pieza.  La idea era hacer un parador turístico. El 12 setiembre se presentaron los policías con Rostagno y tiraron todo. También tiraron otra casa prefabricada que estaba más atrás, el horno, los gallineros, todo” contó la mujer, acompañada por sus hijas.

Interviene Karen y dice “en ese momento estaba mi papá, José Tomás Vázquez. Él no los dejó entrar hasta que no llegáramos nosotros. Cuando llegamos, yo les pregunté quiénes eran ellos, porque estaban de civil, y me dijeron que trabajaban para la policía de investigaciones. Tomé mi teléfono, me puse a filmar, les pedí que me mostraran identificación y se taparon las caras y me dijeron que no podía filmar. Ninguno mostró la identificación, pedí que me mostraran la orden desalojo y tampoco. No nos mostraron nada, hasta el momento”.

“Llamamos a la abogada que nos dijo que nos retiráramos hasta que lo le mandáramos fotos. Le pasé con el hombre que estaba a cargo del operativo, se pusieron de acuerdo y acordaron que viniéramos a la Comisaría donde nos iba a esperar el ayudante de la Fiscal. Quedamos de acuerdo, cerramos y el policía que estaba en Bardas dijo que se hacía cargo de todo lo que pasara. Había animales, le dijimos dónde estaba la comida porque él los iba a ir a alimentar. Cuando veníamos, vimos una máquina de la empresa Chediak, hablamos con el maquinista, le preguntamos qué estaba haciendo ahí nos respondió que seguía órdenes de su encargado, que a su vez le había dado órdenes Rostagno. Le pedimos si tenía alguna orden firmada y nos dijo que no. Le pedimos que se retirara porque sabíamos que la intención era tirar abajo todas las construcciones. En ese momento llegó la policía, nos golpean mucho, nos arrastraron, incluso a mi mamá, nos esposaron, nos subieron a un móvil y nos trajeron a la comisaría” agregó la mujer.

Una vez en la dependencia policial les hicieron test de alcoholemia. Serían alrededor de las 18:00 del sábado 12 de setiembre.

“Nadie nos tomó declaraciones, nos dijeron sáquense los cordones y para adentro del calabozo” dijo doña Ernestina.

Interviene Karen y dice “nos quisieron hacer firmar un papel donde decía que teníamos derecho hacer una llamada, pero no nos permitieron hacerla. Nadie sabía que estábamos detenidas. La familia se enteró porque el policía de Bardas le dijo a mi sobrina, que estaba con mi papá que se había descompuesto y tuvo que llevarlo a la salita de Bardas, que nos habían traído detenidas. Un ratito después mi mamá pidió salir al baño, ella tiene un solo riñón. En eso llegó la abogada y pidió que la sacaran del calabozo. Al rato llegó el médico forense, se apoyó en la pared, nos preguntó qué había pasado, preguntó si teníamos golpes, anotó en un teléfono, pero no nos revisó. Estuvimos como 29 horas detenidas. En un calabozo estábamos mi hermana y yo y tipo 4 de la mañana llevaron a otra chica, sin distanciamiento social. En el calabozo donde estaba mi hermano había otros hombres. Nunca nos tomaron una declaración por parte de la Fiscalía. La policía solo nos leyó un papel de lo que había dicho Rostagno, que eran todas mentiras, con una prohibición de acercamiento a él, su familia y el puesto”.

“No hemos podido ir a la Fiscalía porque no atiende personalmente. La causa está iniciada por la abogada. Nosotros tenemos papeles del campo, testimonios de personas, todo el mundo sabe que ese es el puesto Galdamino. Las cartas topográficas del Instituto Geográfico Militar de 1946 figura el puesto Galdame” contó Mercedes.

Ernestina dice “yo nací y me crie ahí. Mis abuelitos vivían en ese lugar. Hace como 200 años que la familia Galdame plantó los primeros árboles que todavía están. Mi papá se quedó ciego, teníamos un hermano discapacitado y mi mamá se vino para Malargüe, pero nunca dejamos solo, siempre íbamos. De repente fue Rostagno y tiró todo, ahí había una casa PAN, de ladrillo, que le hizo hacer a mi mamá el intendente Vergara y este hombre la tiró abajo. Hizo lo mismo que hizo ahora. En ese tiempo quise hacer denuncia en la policía, pero no me la recibieron. Me fui a los tribunales de San Rafael y me tomaron declaraciones, pero después no me dieron un papel, número de expediente, porque yo no sabía nada de esas cosas. Rostagno, con lo que ha hecho ahora, nos ha roto las casas dos veces”.

Según la familia, en mayo pasado sufrieron un incendio, aparentemente intencional, del campo sin que el mismo, hasta ahora, se haya esclarecido

“La gente le tiene que perder el miedo a Rostagno. Este hombre es un delincuente que se aprovecha de la gente humilde, ignorante, que le tiene miedo. Eso no está bien, él le saca el sacrificio de toda la primavera, de todo el año a esa gente”, acotó Mercedes.

Finalmente, las hermanas Vázquez convocaron a otras personas que han pasado por lo mismo a unirse “para que esto no pase más”.

 

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